Dicen de él, Oscar Niemeyer, que es un mago de la arquitectura, una inteligencia viviente, como inmaterial, de casi 100 años. Porque pocos menos años lleva este brasileño desarrollando proyectos y espacios recreados, tridimensionando imaginativos y coloridos cuadros. En hormigón o acero, a caballo de cúpulas y miradores, pasarelas y paseos.
Decíamos al principio que esto significaba el Efecto Niemeyer, ahora en Avilés, a la misma orilla de la ría, el Centro Cultural Niemeyer, con sus futuros 50.000 metros cuadrados, auditorio, torre mirador y su espacio multiusos, ya con las obras a punto de comenzar a principios de año. Y es que la Cultura, su mundo, se transforma por días, porque las generaciones nuevas así lo exigen o, porque si queremos que estos jóvenes vean a la Cultura como algo sugerente, atractivo e interesante, el cambio de rumbo está marcado ya en el cuaderno de bitácora.
Aparece una nueva estrategia, de marketing cultural, rodeada de sinergias, colaboradores, caminantes en el mismo camino y con los mismos intereses, aunando esfuerzos y creando el atractivo del glamour.
Centros magníficos en concepción, diseño, continentes y contenidos, quizá para introducir conciertos de rock o rap, competiciones de videojuegos o concursos de graffiti. Y cuando en tamañas aventuras se enlazan espacios como el Lincon Center, la Biblioteca de Alejandría, la Opera de Sidney o el Centro Pompidou, es que el futuro va por ahí, así que ¡ adelante Avilés!, ¡ enhorabuena Asturias ¡, ¡ Felicidades Fundación Principe de Asturias ¡, porque sabéis y podéis y además contáis con los mejores de cada disciplina. Suerte en la andadura y suerte también para nosotros que anhelamos, algún día, rememorar y asir entre los dedos algo parecido, a lomos de un nuevo Templo del Lucero, reverdecidos Campos Elíseos o reconstruidas torres de Tartessos.
eduardo j.dominguez rubio
fundacion eduardo dominguez lobato
www.edominguezlobato.org