Las cuitas de victorino

Entró en esto en la venta un grupo de hombres cuyas indumentarias y modales delataban venir de fiesta, cantores de seguidillas y aires populares manchegos con laúdes y bandurrias acompañados que acaso traían, algunos de ellos tambaleándose y no de flaqueza o debilidad que alborotaron a los asistentes.

Pero luego al punto sosegáronse los ánimos y el huésped preguntó al que parecía más joven qué gentes fueran aquellas y cuál el motivo de tan alegre celebración, a lo que el novicio, que se presentó diciendo llamarse Victorino, natural de un lugar próximo a aquellas tierras conocido como La Dehesa, tras pedir permiso a los asistentes e informarles de ser todos aquellos santos varones miembros de la verdadera, ilustre y en todo el orbe reconocida Hermandad de los Pandorgos, expuso la historia de sus cuitas y el feliz remedio con que a ellas dio fin de esta manera:
 
 
 
  Ni al nacer yo tronaron los cañones
ni repicaron fuerte las campanas,
croaron por error algunas ranas
en medio de cencerros y esquilones.
 
No crecí regalado entre algodones
ni me durmieron ayas con sus nanas,
empecé a trabajar a horas tempranas
y aprendí de la vida sin Catones.
 
                         II
 
Mi rústica existencia consistía
en arrimar el ascua a mi sardina,
buscándome la vida en cada esquina
viviendo santamente, en alegría,
 
ajeno a que el azar se invertiría
por culpa de una tórrida vecina
un punto licenciada, hermosa y fina
que todo mi sentir absorbería.

cagancho

Publicado el 30/08/2010 12:25:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Mañana o Ayer

Mañana o pasado, ayer o anteayer,
 
vengo andando por la orilla,
 
como ayer, como siempre,
 
quizás como mañana. 
 
Siempre la mar de leva, el canal,
 
Huelva lejana y perdida,
 
Sevilla sola, al final de este río,
 
y tú, sentada en este muelle invisible,
 
el muelle que ya no existe.
 
Quizá solo vive el pasado ,
 
solo duermo porque sueño
 
y solo soñando recuerdo.
 
Una luna, la que pasó corriendo
 
entre Doñana y tus ojos.
 
Solo una risa fugaz amaneciendo por Bajo Guía
 
en una dorada caricia.
 
Mañana o ayer, que da lo mismo,
 
para querer, para sentir,
 
para rozar tus sienes,
 
para revolotear tu pelo.
 

e.d.

Publicado el 15/06/2010 7:20:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Cumpleaños

      No acostumbraba en sus artículos a concretar lugares ni a personalizar con nombres, salvo en contadas ocasiones que, a su criterio, lo merecieran. Pero esta vez se iba a cruzar en la semana una fecha mágica para un amigo suyo que celebraba su cumpleaños y, porque tomaba café con él todos los días, había aprendido mucho de su pausada palabra y además lo apreciaba de corazón, había decidido dedicarle  su colaboración semanal como pequeño regalo con el que compensar parte de cuanto había recibido de él. D. Luís de Mergelina y Escobar, Caballero sanluqueño, Señor de la Punta del Águila, padre de cinco hijos y abuelo de catorce nietos, cumplía ochenta años.

      Aunque nacido en la calle Santo Domingo, fue vecino temprano del Barrio Alto residiendo en la calle San Agustín, 32 durante su infancia, su adolescencia y su primera juventud. De aquellos años, en los que simultaneaba los estudios de Perito Mercantil con el trabajo en el campo, recuerda con especial añoranza “-la blanca luminosidad de las paredes encaladas, el olor a mosto y el regalo para los sentidos que ofrecían las cajas de fruta expuestas en las aceras perfumando las calles con aromas de perillos y sandías listonas”-.

Tras finalizar el peritaje completa su formación en la Granja-Escuela de Heras en Santander obteniendo el grado de Técnico Agrario y, a través de su compadre D. Francisco Casado, Fatigón”, entra en contacto con D. Pedro Balañá quien lo contrata como encargado general de su división agropecuaria en Barcelona. “-A mí no me podían ver porque era andaluz y mandaba más que ellos, y por bajini me decían el gitano. Aguanté tres años y si no me vengo, me muero allí”-.

Y   tras volver a Sanlúcar en los primeros sesenta del siglo pasado, largo de probables y corto de posibles, se hace con un Lanz monocilíndrico de treinta y ocho caballos en lo de D. Alfonso Pérez para pagarlo a ditas, y a la maquila. “-Yo trabajaba por las mañanas, por las tardes y hasta algunas noches porque tenía que pagar el tractor, sacar adelante la casa y  los niños seguían creciendo y comían como limas, gracias a Dios, claro; cualquier cosa antes que pedirle dinero a mi familia”-.

 De la maquila al transporte y a traer terneros de la montaña. “-Salíamos dos camiones, y yo con los hierros en el bolsillo en el dos caballos o en el Panda; cargábamos en el mercado de Torrelavega o en el de Comillas y para Sanlúcar. Era una mercancía delicada, había que parar para darle de comer a los animales y siempre existía una merma de algún ternero que se moría, pero se vendían muy bien”-. Algo más tarde, y por circunstancias familiares, se ve obligado a hacerse cargo de la empresa paterna compartiendo su tiempo entre el campo y los camiones. “- Una de las experiencias más bonitas que tuve fue plantar melocotones. Me esforcé y conseguí unas cosechas muy buenas, tanto en calidad como en cantidad, pero los precios eran los que eran y Guillén fue torero”-.

      Los últimos años de su vida laboral  estuvo volcado en la enseñanza impartiendo cursos relacionados con maquinaria y técnicas agrícolas y ahora, jubilado, querido y respetado, regala desde su saludable longevidad y su amena conversación unas enseñanzas de tiempos y lugares ya desaparecidos pero que en su voz adquieren carta de presencia y naturaleza de realidad rescatándolos del olvido.

      En los próximos días, tras celebrar tan grata efemérides con su mujer, Doña Emilia, y con sus hijos y nietos, cuando se reuniera con la tertulia para festejarlo, todos esperaban que, ya terciadas las medias botellas, los deleitara con alguna de sus enriquecedoras anécdotas: “- Me acuerdo un día que veníamos de La Norieta mi primo el Chato Somavía y yo con dos gallinas escondidas en un colchón en el carro y al llegar al Punto de Cuatro Caminos, salió el consumista del fielato con un pinche: ¡A ver! ¿Qué lleváis ahí?”-......

 

Un abrazo, Luís, y que cumplas muchos más

Cagancho

Publicado el 21/05/2010 18:32:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Escape,....del Volcan

La Tierra se había mosqueado de nuevo. No era la primera vez que se producía un vertido de residuos tóxicos y exterminadores como consecuencia de algún naufragio originado por el reventón de un petrolero añejo, ni tampoco sería la última dado el intensísimo tráfico de combustibles fósiles que por los siete mares fluía, con no todas las normas de seguridad cumplidas en algunos casos.

 Sin embargo, en esta ocasión, los motivos del desastre eran diferentes. Cansado el planeta de recibir puñaladas en su piel para robarle minerales sólidos, recursos gaseosos o tesoros líquidos, había experimentado una ligerísima sacudida, como la de esos enfermos cansados  que tratan de desprenderse del gotero por el que sufren y, efectivamente, se había desprendido de él.

La diferencia era que la Tierra, aunque achacosa y enferma, seguía siendo poderosa y, tras deshacerse con un leve movimiento del gotero extractor que la puteaba, había continuado vertiendo su sangre al exterior envenenando con ella, al modo de una lenta y dolorosa venganza, una enorme extensión de la biosfera que cada vez era mayor y ya  se asemejaba en tamaño a una isla. Y lo peor de todo era que la dirección y la intensidad del viento empujaban la mancha hacia las costas sur-orientales del imperio haciéndolo superar todas las barreras habidas y por haber. Sin duda era el momento de ser solidario y actuar.

      La leva de voluntarios había establecido su cuartel general en un viejo edificio de la zona portuaria y ante él se extendía una enorme cola de personas a la que, a duras penas, podían mantener a raya los guardias con la inestimable ayuda de robustas varas de acebuche, porque se había corrido el rumor de que iban a pedir el Graduado Escolar y muchos de ellos, que no lo tenían, habían comenzado a lanzar piedras contra las fuerzas del orden gritando que aquello atentaba contra el espíritu de igualdad que debía imperar en la vida y en la sociedad.

Él, como se lo había sacado por correspondencia,  no tuvo problemas y un par de horas más tarde se encontraba frente al tribunal seleccionador. Los tres individuos que formaban el comité lo observaron con detenimiento, lo desnudaron, palparon la escasa fortaleza de sus esmirriados brazos, midieron el contorno abultado de su barriga cervecera y comprobaron la nula resistencia de sus escuálidos muslos.

El que parecía jefe escupió por un colmillo, hizo un gesto de asentimiento y los otros dos lo cogieron por los brazos en volandas, lo condujeron a una habitación interior en la que había un enorme barreño rebosante de oscuro petróleo ponzoñoso y, sin mediar palabra, lo arrojaron dentro.

     

 Chapoteando en el denso líquido que se adhería pegajosamente a su cuerpo, consiguió incorporarse con torpeza, momento que aprovecharon dos encapuchados que habían sustituido a los de la puerta para santiguarle las espaldas con unas recias sogas de esparto, cebándose con especial saña en riñones y lumbares. Cuando se cansaron de ultrajarlo se marcharon y entraron dos hermosas doncellas con toallas que lo secaban al principio amorosamente al modo de verónicas compasivas aunque, en cuanto se relajó un poco, mutaron la voluntad, enrollaron las toallas y lo que eran balsámicos lienzos de consuelo se trastocaron en  instrumentos de humillación que lo hacían tambalearse. Pero no había terminado el escarnio; a empujones lo metieron en una especie de jaula en la que se amontonaban decenas de gaviotas agonizantes y ariscas y allí lo tuvieron encerrado hasta que los examinadores dieron por finalizada la prueba.

      Por la tarde aparecieron las listas de los admitidos pero a él lo habían excluido por alopécico. En otro punto del planeta, la herida seguía manando con rabia.                          

     

Cagancho


Publicado el 11/05/2010 18:35:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Volverá la luz a su casa

            Ha vuelto la luz a su casa, como lleva haciéndolo eternamente.

            Ha vuelto Mayo a las ventanas, esas ventanas que son suyas, y que lloran durante el invierno añorando el sentido que dio un día aquel carpintero a sus vidas.

 Dicen los físicos, y el diccionario de la lengua española así lo recoge: Que es la luz “agente físico, que hace visibles los objetos”.

“Claridad que irradian los cuerpos en combustión, ignición o incandescencia”. Esta es la segunda acepción que recoge nuestro diccionario.

 

Y yo me voy a atreveré a añadir, una característica, que así de memoria creo recordar (las ciencias nunca fueron mi fuerte, pero algo se me quedó); La luz es susceptible de cambios y alteraciones al atravesar según que medio atmosférico, este dato me suena que lo estudié bajo un epígrafe llamado: Reflexión y refracción de la luz.

 Es decir, que a mi ignorante entender, depende de qué aire atraviese, la luz, se comporta de manera distinta.

Me estoy metiendo en jardines, que son para mi como aquellos en forma de laberinto, ya que la física me fascina tanto, como escuálido es mi conocimiento del tema.

 

Pero se que Einstein llegó a descubrir, que el tiempo es curvo con respecto al espacio. Es decir, que depende de donde estemos, el tiempo pasa con distinta velocidad.

 ¿Serán entonces estas, las razones científicas, para explicar la luz de Sanlúcar por Mayo…?Será que el secreto no está en el “agente físico que hace visibles los objetos”, (que es el mismo para todo el planeta tierra).

Y va a resultar que el secreto está en el aire, el aire de Sanlúcar.

  Es él, el que hace que las macetas de geranios sean lo que son…

Que las espadañas de nuestras torres parezcan distintas…

 Que veamos cada tarde, no con los ojos solamente, sino con la imagen que plasma el olfato en nuestros andaluces hipotálamos.

Para que nos entendamos, el olor a azahar, mezclado con el que emanan las ventanas de las bodegas a medio tapar por las persianas de esparto…

 Ese mismo aire que trae, según el viento, algunas tardes romero, olor a pino y lavanda…    Aromas de la otra banda, con rima y melancolía … Y encima, va el tiempo y se curva… Como se curva el río al llegar a nuestra vieja ribera, que lleva una eternidad mirando hacia Venus, diosa del amor y la fertilidad para nuestros ancestros, y lucero del alba en nuestro trocito de cielo. 

El tiempo, también pasa de forma distinta alrededor de la curvatura de una maceta de geranios, que mece suavemente el aire que llega borracho de aromas del coto, y cada tarde de mayo remolonea por las blancas azoteas, tan mujeres y soñadoras, con la ropa de su alma tendida. 

Sí, llegó la luz a su casa… Y se encontró con el aire, su amante fiel que la espera, sentado en el alfeizar de las ventanas, con los pies colgando, como un niño, para hacerla Sanluqueña, por eso llega a Sanlúcar la luz como llega…  Si es que, llega loca de amor, si es que llega enamorada…  

Y encima, va el tiempo y se curva…   

Juan Carlos Valenciaga

Publicado el 04/05/2010 9:39:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Solucar - Manzanilla

 Solucar ,
Sal, mar, sol y lugar
Brilla, quilla en maravilla,
Ola y pinar por navegar,
Botas, coto sin lagar,
Horizonte, marino, a la par
Solucar, más, más y más...
Flor de la Manzanilla.
                                    e. d-l. r

Publicado el 01/05/2010 19:49:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Y quea la mesa

Y QUEA LA  MESA

         Lo habían convencido en una sola jornada. Aquella misma mañana había comenzado a fraguarse en su mente la operación cambio gracias al bombardeo publicitario que había sufrido en su camino hacia el trabajo.

         La primera sensación experimentada al salir de casa era la de que había comenzado una nueva campaña electoral por la profusión de vallas publicitarias que, como hongos de rápido crecimiento, habían surgido probablemente al calor halógeno de la madrugada sin que nadie lo advirtiera. Después, la sensación casi se había confirmado al leer algo de Ven a la República independiente de Argamasa”, pero al fijar su atención algo más se tranquilizó. Era propaganda de una tienda de muebles en la que se aconsejaba modernizar los ya anticuados ajuares, algunos de ellos añosos y con achaques, y vestir los espacios interiores  con nuevos ritmos cromáticos y diseños de última tendencia salidos de los ordenadores más avanzados en materia ergonómica.

      Más tarde,  a la hora del desayuno, la prensa cotidiana también aparecía preñada de mensajes imperativos similares, de los que se deducía que el que no cambiara los muebles inmediatamente en “La Argamasa” era un carajote, aparte de un insolidario xenófobo e intolerante. Y, al regresar a su casa, el buzón rebosaba de publicidad impresa aún más directa en la que se amenazaba ya por la cara a los remisos. ¡Ay del que no compre!, advertían  repetidamente las misivas; sabemos a qué colegios van sus hijos, dónde trabajan sus esposas, en qué asilos han abandonado a sus abuelos y muchos datos más que estamos dispuestos a   utilizar   cuando nos venga en gana. Así que ligeritos y a pasar por el aro, que está la cosa malamente, y peor que se va a poner para los que no suelten religiosamente los jurdeles. El mensaje lo firmaba el director supremo de ventas intercontinentales y era lo suficientemente explícito como para convencerlo, por lo que apenas penetrada  la intimidad de su escueto hogar, comenzó a recorrer con la vista los escasos muebles ya vitalicios que lo adornaban. Observó brevemente el sofá, confidente y cálido, continuó por el mueble de la televisión, el cuadro con su foto de la mili vestido de pistolo, los visillos eternos ya un poco amarillentos y finalmente la mesa.

       No recordaba haber tenido otra mesa desde que decidiera  independizarse hacía ya tantos años que el tiempo había borrado de la memoria el lugar en el que la había adquirido, aunque a veces, vagamente, creía haber sido en una tienda de muebles de cocina en liquidación. Era, pues, una mesa originariamente de cocina, de sólida madera y con dos cajones con asas de metal, cuyo cometido había sido trastocado por el azar haciéndolo derivar hacia una mezcla de mesa de comedor, escritorio ocasional y atril de periódicos atrasados ante la que se sentía a gusto.

   

        Pero las modas son las modas y tampoco podía oponerse al progreso. Se dirigió a la cocina a coger el metro para medir sus dimensiones y buscar otra de igual tamaño y, cuando volvía, le pareció que la mesa experimentaba un ligero estremecimiento. No le dio mucha importancia al hecho y se acercó con el metro en la mano. En ese momento, salió disparado uno de los cajones que acertó de lleno contra su cuerpo a la altura de los huevos. Tambaleándose, buscó cuartelillo en el sofá y cuando se sentaba el otro cajón se le estrelló en la cara nublándole el poco conocimiento que tenía. Tumbado boca arriba contempló horrorizado   cómo la mesa saltaba sobre sus cuatro patas y le caía encima sin darle tiempo a evitarla.

      Hasta que no juró a grandes voces que jamás cambiaría los muebles de su casa estuvo recibiendo humillantes golpes; pero por la noche ya habían hecho las paces y mientras cenaba su bocata de melva, le pasaba cariñosamente la mano por encima.         

cagancho

www.edominguezlobato.org

Publicado el 29/04/2010 0:28:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Los héroes del bacalao

                                                 LOS HÉROES DEL BACALAO

      Estaban aislados en un medio hostil, ajeno a su entorno y diferente en cuanto al lenguaje que le era habitual. Estaban en Islandia y por culpa de un volcán de nombre impronunciable no podían moverse de aquel idílico lugar situado a miles de kilómetros de ninguna parte. El destino se había cebado con ellos desde que iniciaran el azaroso periplo y ahora marcaba su colofón manteniéndolos inmovilizados y rociándolos con insalubres cenizas pestíferas de las que a duras penas podían protegerse. Todo había comenzado dos meses atrás, cuando un ordenanza aficionado a las comilonas había recibido en su casa un sobre con propaganda de exquisiteces entre las que destacaba una marca de bacalao de las islas hiperbóreas que se comercializaba en un bar situado al noroeste de Rejkjavik. Era tal el cúmulo de alabanzas que sobre la calidad del producto se vertía en la publicidad que, atrapado en su miseria moral, sufría el aguijón de la quimera y la ceguera de la ilusión imaginándose a sí mismo en actitud devoradora frente a suculentos guisos en los que el protagonista indiscutible era tan sabroso teleósteo norteño.

      Y no contento con engañarse a si mismo había decidido hacer realidad sus ensoñaciones en compañía y, sorprendentemente, había convencido a un grupo de incautos para que lo acompañaran en la gastronómica excursión. -Imaginaos-, había dicho el subalterno a un coro de desgraciados al entrar en el trabajo,-el enorme placer  que debe suponer para los sentidos tener que sortear dos o tres glaciares y atravesar unos cuantos fiordos para finalmente degustar un platito de bacalao que, según he leído, supera todo lo imaginable. !Los que quieran estremecerse con tales sensaciones que me sigan!-. El grupo había partido en dirección norte con varias escalas en distintos icebergs y, ya en el aeropuerto de llegada, los estaban esperando unos trineos arrastrados por caniches enanos porque habían optado por la tarifa económica. Estuvieron varios días de viaje durmiendo en tiendas de campaña y pasando estrecheces y calamidades hasta que un amanecer, a lo lejos, pudieron vislumbrar recortándose en la nieve la silueta del ansiado restaurante. Siguieron avanzando y, ya al acercarse, desde lejos, observaron que la chimenea en lugar de exhalar una halo benefactor y cálido, trasunto de cocinas y estufas, permanecía cubierta por carámbanos acusadores de inacción y frío. Dos kilómetros antes de llegar, el cartel se les apareció a la vista insultante y chulesco: Cerrado por reformas.

      Llevaban unos minutos sollozantes y ateridos cuando el líder, sintiéndose responsable de la frustración colectiva por el malogrado banquete, tomó la palabra: ¡Señores, a mal tiempo buena cara, más vale honra sin barcos y Guillén fue torero. Nos volvemos a nuestras casas de donde no debimos salir, con la leche que hemos mamado todos, yo el primero! Y entonces empezó a temblar la tierra.

      Desde la corta distancia observaron con preocupación cómo unas gruesas columnas de fuego y ceniza surgían de la tierra en torno al restaurante que, tras unas violentas vibraciones, reventó por el techo en pedazos lanzando al cielo fragmentos del tejado y restos de bacalao que comenzaron a caer sobre ellos. Atemorizados por la sólida lluvia  comenzaron a correr adelantando incluso a los minúsculos perros que fueron cayendo uno tras otro víctimas de las corrientes piroplásticas y de los gases sulfúricos entre espeluznantes aullidos.

      Tras amargas jornadas de sufrimiento y desolación consiguieron llegar a un aeropuerto pero estaba cerrado. En unos microbuses con muchos más pasajeros que asientos lograron por fin retornar a su pueblo, donde fueron acogidos como héroes y se le cambió el nombre a una calle que, a partir de entonces, se llamó “Héroes del Bacalao”. 

Cagancho

Publicado el 25/04/2010 8:51:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

La viña

Es preciso ser viña cada día

para beberse el sol cada mañana;

para aprender  salve jerezana

hay que nacer más viña todavía.

Ella nació bajo el escalofrío

del viento marinero por el tajo

y trenzó con las trenzas el sombrajo

 de cepa enamorada del rocío.

Ella nació muchacha a su manera,

con Dios multiplicado en los racimos

  y la sangre subida a la piquera....

 Después, el nombre es cosa de jilgueros,

una costumbre de alumbrar esquimos

  y de hablarse de tú con los luceros

Poema “Donde Dios se nos vuelve geografía”, de Eduardo Domínguez Lobato

Publicado el 21/04/2010 20:48:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Gente

                                              EXTREMING

   Había cometido el lamentable error de mezclarse en la conversación. Justo a su lado, en la barra del bar y trasegando Red Bull desde hacía un rato, un grupo de cuarentones vestidos con aparatosas ropas deportivas y calzados con carísimos  zapatos ergonómicos de marca, comentaban a grandes voces las excelencias de los deportes de riesgo y los benéficos efectos que sobre la mente y el cuerpo tenían. Terciaba cada uno de ellos en el coloquio aportando su propia experiencia y abundando en las maravillas que sobre el organismo obraba la hipersecreción de adrenalina. –Es algo inenarrable-, afirmaba un alopécico con moratones en el rostro y las manos. -Yo practico el Hormigoning, que consiste en derribar muros de hormigón a puñetazos y cabezadas. El subidón es de tal calibre que al tercer o cuarto cabezazo cae uno por tierra preso de agradabilísimas convulsiones conducentes a la idiocia transitoria; y cuando sales de la semiinconsciencia parece como si flotaras en el aire. El mes que viene precisamente me voy a Berlín a entrenar en el muro de la vergüenza con un grupo de pensionistas a los que la federación invita a gastos pagados con la única condición de que declaren por escrito haber hecho testamento antes de salir.

      -Yo últimamente me he decidido por el Trotting y me encuentro como los mismos ángeles-, sostenía otro con huellas de coces  en la cara y rodales en la cabeza como si le hubieran arrancado el pelo a dentelladas. –Nos reunimos una vez por semana, buscamos manadas de borricos salvajes  y los perseguimos al trote, de ahí su nombre, hasta que al llegar a su altura tratamos de colgarle una medalla del Betis. Algunos protestan con enérgicas patadas y agresivos mordiscos pero las sensaciones son inolvidables y aunque a veces tenemos que avisar a la unidad móvil de traumatología, cuando te dan el alta sientes de nuevo la necesidad de volver a perseguir rucios ariscos por el cúmulo de impresiones que disfrutas-.

      -Eso no es nada para el subidón generado por  la nueva disciplina deportiva que voy a comenzar a practicar este próximo fin de semana-, aseguraba un pureta con enormes quemaduras repartidas por el chándal. –Al parecer procede de Asia, donde hace furor entre los nativos, y recibe el nombre de Vulcaning. Es tan reciente que se necesitan voluntarios con urgencia para poder completar el grupo y recibir las subvenciones correspondientes, que seguro que nos las conceden dada la importancia del proyecto y el fin solidario y de igualdad que persigue-… Y entonces tuvo la debilidad de preguntar dónde había que inscribirse.

      Cubierto por un grueso traje de amianto con botas de lo mismo y una escafandra ignífuga se dirigía al punto de encuentro, convencido por el proselitista del Vulcaning de que iba a encontrar en su práctica todas las alegrías que hasta entonces le habían estado vedadas. El grupo fue trasladado en todoterrenos blindados hasta las faldas del volcán Kema-Bobos, donde los obligaron a bajar sin muchas contemplaciones. Allí, una multitud enfervorizada prorrumpió en aplausos y vítores al verlos aparecer y, azuzados por el jaleo y las palmas, comenzaron todos a ascender hacia la humeante cima. Conforme subían, entre el calor insoportable y la empinada caminata, algunos comenzaron a mostrarse renuentes, pero la multitud los reintegró de inmediato al grupo argumentando con rachas y razonando con bofetadas.

      El último tramo del ascenso lo hicieron inmovilizados porque la negativa a seguir se había generalizado y todos querían volverse. Al llegar a la cumbre los fueron arrojando al interior del cráter empujándolos con unas pértigas. Los gritos de los chamuscados se mezclaban con los rezos de unos frailes que también habían cobrado su parte en las subvenciones.

Cagancho

Publicado el 14/04/2010 22:30:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Equinoccio

 EL EQUINOCCIO

           

       Ya había llegado; ya estaba aquí y pensaba quedarse tres meses. La retaguardia del padrecito invierno se había batido en retirada ante el empuje avasallador  de los heraldos precursores de la nueva estación, y en su huída había practicado la cruel táctica de “terra brusciattta”. No eran pocas las localidades y zonas destruidas sistemáticamente por la líquida artillería a discreción del trimestre fugitivo, depositario a su paso de huellas desoladoras. Inmensas lagunas barrizas habían sepultado cultivos y viviendas originando muertes de animales, destrozos de enseres y desesperación de los afectados, que la televisión ofrecía en sus noticiarios con minuciosidad morbosa. Algo más al norte de donde él vivía, a la lluvia se le había sumado la nieve, generadora de confusión en las comunicaciones y en los desplazamientos. Las imágenes de ciudades colapsadas, con inútiles quitanieves de luces ambarinas intermitentes, de carreteras intransitables y de aeropuertos rebosantes de pasajeros dormitando en bancos, se le habían ido colando en el saloncito un día sí y otro también durante los largos meses que había durado lo que ahora finalizaba.

      Pero ni aun sufrir podrás eternamente, decía el poeta, y la fecha inicial de la primavera ya figuraba en el pequeño almanaque con publicidad que le adornaba la cocina. No había tenido necesidad de colorearla porque aquel año coincidía con el tercer domingo del mes. Aunque para destacarla había trazado en torno a los dos dígitos que conformaban el día veintiuno una gruesa circunferencia que los abrazaba al modo de un respetuoso abrazo circular. Era su pequeño homenaje a la mágica fecha solar del equinoccio. Había leído tiempo atrás que la palabra hacia referencia a la idéntica duración del día y la noche en esa jornada, circunstancia que se repetía ciento ochenta días y unas horas más tarde, con la llegada del otoño. Pero, además, la fecha rebosaba de connotaciones míticas y religiosas de resurrección que hundían sus raíces en numerosísimas religiones y culturas precristianas. Se percibía en el ambiente el reinicio de la existencia tras el letargo invernal. Las ramas de los árboles se abotonaban con los nuevos brotes, aparecían los primeros insectos, los pájaros rompían el silencio con sus retos y la vida se desperezaba cargada de una precoz fecundidad que sería coronada nueve meses después con el nacimiento de los dioses en el solsticio de invierno.

      Y él, dispuesto e ilusionado, se preparaba para recibir a la primavera como pensaba que se merecía la nueva estación. Enfundado en unos pantalones pirata de chillón color naranja, una camiseta de tirantas con la leyenda “La primavera la sangre altera”, y cubierta la cabeza con un sombrero de paja de perímetro deshilachado, se lanzó a la calle. Apenas salido del portal, una anciana lo atacó con el paraguas acusándolo de pajillero y proxeneta, y cuando tras azarosa carrera se creía a salvo de la agresión, una madre que acompañaba a sus adorables retoños al colegio, se puso delante de los niños y, al tiempo que lo arañaba, comenzó a dar voces pidiendo socorro. Acudieron los guardias y, mientras se tramitaba la denuncia por pederasta, tuvieron que llamar a una ambulancia porque con el frío había tenido una crisis respiratoria aguda.

      P.D.: La semana pasada se nos ha ido D. Miguel Delibes. Al salir de la Sociedad de Cazadores, camino del velatorio, Melecio y El Mochuelo oyeron pasar por última vez el tren de La Coruña; iba vacío. Descanse en paz, Maestro

Cagancho

Publicado el 18/03/2010 19:22:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

La Bodega

La Bodega 

Siempre me ocurre igual, entro en la bodega, en bodega como esta, con cierta reverencia, intimidado por extraños pudores, como atenazado por el respeto. Sospecho que estas bodegas de mi tierra suponen, ante todo, la estética del silencio, la penumbra exacta y el cabal aroma del silencio, la justa y templada armonía arquitectónica del silencio, y hasta llego a creer que el silencio floral y majestuoso huele a vino viejo y tiene el color del roble antiguo. El caso es que uno, inconscientemente, asume esa estética solemne y la afronta siempre con un cierto talante subreptício, con cierta indefinible sensación de intrusismo, apenas sin voz y respetuosas las pisadas, como si temiera la profanación inevitable de resplandores dormidos y músicas insólitas, escondidas nadie sabe donde.

 

Lo pensaba esta mañana cuando entraba en la bodega de mi amigo el mayeto, más bien chica, semejante a capilla o iglesia pequeña, que esa es su planta, crujía y naves laterales, doble hilera de columnas arcaucionadas, techumbre alta a dos aguas sostenidas por vigas y alfajías de madera, portatabla de madera y tejas morunas. Ventanitas casi pegadas al techo abiertas a los almizcates y celadas por esterones de esparto. Suelo terrizo bien apisonado, acaso humedecido por sudaderos recónditos nunca descubiertos. El patio anterior es como una joya en gris y verde que sugiere atardeceres veraniegos bajo el emparrado.

-Pues esta es mi bodeguita.

Ya estábamos dentro. He contado de refilón hasta seis piernas de tres andanas y mi amigo nos explicaba que con esta bodeguita, hace cuarenta años, vivía a lo grande  cualquier casa de familia y, lo que son las cosas, hoy tiene uno que vivir para la bodega, mantenerla por querencia y capricho.

Pues tajo adelante, vamos a probar este vinito. Y éste. La venencia vierte sobre los catavinos chorrillos del color de las espigas olorosos a almendras amargas. Mi amigo agita por la peana y aspira, como en éxtasis. Al final, lo roza con los labios, cierra los ojos, paladea y retorna perezosamente al mundo:

 Fíjate que abocaito. Una gloria. Y en el brillo. Son como descubrimientos luminosos entre andanas sombrías. El vino tiene su tipología, como una fauna exótica, impensable y viva. Vinos gordos, finos, rayados, nubosos, de tercera, de segunda, de abajo, amanzanillados, olorosos, remontados, con flor y con madre, qué sé yo. Crece solo, como los caballos, pero hay que domarlo, hay que educarlo. Tiene su escuela, la solera, pero a veces se tuerce como un potro resabiado, y para eso está uno, el ojo al acecho. Sí, los vinos son como las personas, así, crecen, engordan, languidecen, degeneran, enferman, sanan, adelgazan, se alegran y se entristecen, ya te digo, lo mismito que las personas. El mosto es tal un parvulito que empezara a estudiar, por ejemplo, y al cabo de cuatro años es como si rematara  el bachillerato curso a curso, quiero decir graduado en fino o manzanilla. Luego, sigue corriendo clases y se licencia en oloroso. Si lo dejas seguir se doctora en amontillado. Cuestión, lo primero, de que las clases sean como deben ser, esa es la base. En principio, de buenas soleras y botas bien encascadas, vinos buenos, lo primero es lo primero. 

Pero, escúchame, esta bodeguita, con guitarra y cante, será como el sueño de una noche de verano. Y también para pensar. Si acaso, pa hablar en medios tonos. Mira, cuando entro aquí, me siento medio cartujo. Como si uno se quedara fuera del tiempo, más allá del espacio, por encima del mundo y hablara por teléfono con el paraíso.

Eduardo Domínguez Lobato

Publicado el 18/11/2009 20:54:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Faro de Bonanza

Quizá con gesto irreverente, desde esta mirada altiva, asimilable a una botella de manzanilla o a un florero marinero, de otros tiempos.

Antes emborrachado de proas y vientos de poniente por domesticar y ahora aburrido, perdido, consumido, entre matorrales que ahogan sus bajos muros.

El caso es que fue un faro presuntuoso y mordaz, adelantandose a estas balizas de la barra, entre rojas y verdes. El caso es que llevó su virtuosismo tan redondo que no hubo marinero que no lo ensalzara.

El caso…. que ahora duerme en el olvido, o quiza, algún día aparezca un proyecto desmelenado para ocupar casa y faro, en una contagiosa y exultante vanidad, como para recuper el tiempo perdido.

Ahora, a esperar, encajado entre las horas cenitales, absolutas y pausadas de este puerto nuestro de Bonanza.

e.dominguez rubio

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Publicado el 11/11/2009 20:36:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

La Plaza

Plaza de Sanlucar, Mercado de Abastos, portada de piedra, puestos, mármoles blancos, pescados vivos, paredes siempre entornadas, galeras que saltan, langostinos de la mar. Un puesto y otro, verdes, verduras, rojos, tomates, pimientos y algo más, gentes, vida, charla, entrañable trasiego, apaños mercantiles, amparados en la costumbre, los usos de estos lares.

Es un edificio que se nos va, el Mercado de Abastos, nuestra Plaza de Sanlucar, seguro que al amparo de modernidades y servicios de vanguardia, tecnologías recién nacidas y diseños imaginados; pero se nos va. 
 

Patrimonio de Sanlúcar, de valor histórico y más, sentimental.  

Mercado de Sanlúcar, con los argumentos y singularidades del siglo XVIII , arriba de la plaza de San Roque, debajo de las Covachas, entre la cuesta de Belén. Y seguro con la retina llena de recuerdos de otros años, y de estos años, carros, gentes, paseantes, vendedores, fruteros, pescaderos, verduleras, floristas, coquineras y pasteleros. Recuerdos de gentes, de Sanlucar y de más allá.

eduardo dominguez rubio

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Publicado el 03/11/2009 19:14:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Espigón de Bonanza

 

Espigón de Bonanza, siempre sombreado por los pinos del coto.  Espigón que el marinero deja a babor cuando entra a puerto, o a estribor, en su ascenso hasta Sevilla.

Espigón ahora de esperanzas nuevas, la de estos niños, pequeños marineros, faenando en madrugadas frías, antesalas de pesquerías mas o menos generosas.

Niños de la mar, quizá, seguro, como sus padres, los que bien saben de puertos rotos y caladeros maltratados. Y ahora, niños envueltos entre las modernidades de las placas solares, y el puerto deportivo, aún por venir, en un buen porvenir, digamos, imaginemos, antesalas de las salinas, estas salinas de sanlucar, dragadas y dibujadas por futuras arquitecturas portuarias hacia otro modo de riqueza para estas tierras; cruceros, veleros.

Pasaporte hacia una Puerta de Doñana verdaderamente decorada entre buenos augurios.

eduardo dominguez rubio

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Publicado el 16/10/2009 20:13:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Si las aguas volvieran, al Barrio Alto

Y las aguas subían y como en tiempos de la especiería, quizás volvieran desde el Cabo de Buena Esperanza, aguas que vinieran arropando antiguos navios españoles, saldrían de la Española, envueltos en sedas de hermosura piropeada.

Y se arremolinaban en la Puerta de Jerez, antiguo arrabal a extramuros, dicen que de aquí partieron caballeros sanluqueños a luchar con el emperador Carlos V, dicen que a la guerra de Túnez, calle Mesón del Duque, dicen que hospedería de los Duques de Medina Sidonia, calle Comisario, calle San Agustín, calle Pozo Amarguillo, seguro por su pozo centenario, siempre generoso en aguas y ahora saturado y celoso de tanta demasía.

e.d.r.

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Publicado el 05/10/2009 19:07:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Por donde Montealgaida, en La Colonia

Allá por La Colonia, en Montealgaida

El año pasado había ocurrido lo que tantos otros, los tomates se pudrieron en las matas y las patatas quedaron bajo la tierra porque ni siquiera merecían el gasto de recogerlos y llevarlos al mercado. El año pasado había ocurrido que las vacas terminaron con las zanahorias porque los precios no alcanzaban la mitad del coste de recolección.”

El año pasado había ocurrido que las hortalizas salieron tan tiradas que sirvieron para cortar el tráfico en las carreteras. Pero también el año pasado, como tantas y tantas veces, sucedió que los consumidores no sintieron el menor alivio en sus carteras por cuanto las tablillas de precios en los mercados más bien tiraban hacia arriba que hacia abajo a pesar de todos los pesares. Por último, el año pasado, como tantos otros años, se había hablado por largo del ordenamiento de cultivos, de la racionalización de las explotaciones, de la política de adaptación, de ciclos rotativos y de cincuenta engorros más para que, al final, cada cual continuara disponiendo y sembrando cómo y cuánto le vino en gana, como siempre.

-Mi opinión, mire usted, si este año salieron bien de precio los pimientos porque nadie los sembró, el que viene caerán por los suelos porque los sembrarán hasta en macetas. En el campo suceden fenómenos tan extraordinarios que más vale pecar por cosecha corta -­ que algo se gana siempre - que por larga porque, entonces se pierde todo.

-Claro, falla la distribución, problema de estructuras distributivas adecuadas...

Como fuese, fallara lo que fallara, ya cada quisque con el agua a la barbilla y la cartera llena de telarañas, siempre la misma palabreja: distribución. Jamás faltaba el diagnóstico de que era básico, urgente e inaplazable la planificación de inmediatos canales distributivos. Pero ahí quedaba todo.

e.d.r.

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Publicado el 30/09/2009 19:47:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Peña "La Corina"

      Desde la Reyerta,al fondo de la Jara,o desde la rotonda del Cojo Frascuelo, en la carretera de Chipiona. Y a mitad de camino entre ambas, la Peña “La Corina”. Casi inadvertida desde la carretera, tan solo un pequeño cartel y una banderola pero dentro… amigo mío, disfrute usted de un ratito de buena mesa y buena gente, amparado por macetas, de todos los colores, una parra de nos cubre como dosel vegetal, plantas de tabaco, gitanillas, aloe vera, flor de novia, un galán, otra sombra fresca, entre luces, colores verdes y rojos, y… tranquilidad.       

     Allá al fondo, en el mostrador, platos dispuestos, al punto de buen fuego, cocina de siempre, lenta y paciente hechura, unas sabias manos de mujer, ilustrada desde siempre en estos artes de la cocina sanluqueña, pescado frito, croquetas de puchero y además, algo más, una vasito de mosto, una charla con la mesa vecina, y más,… otro vasito más,chiquillos que corretean, viandas que ves pasar… 

-         Póngame usted un platito de eso.

-         Eso esta hecho       

       Luego, en la charla con nuestros amigos, nos cuentan que ya empiezan en esta semana con los guisos de invierno, berzas, cocido, judías…

- qué barbaridad       

Peña La Corina, también esto es Sanlucar, un ratito al aire, tiempo bien empleado, satisfechos, plenos, y ahora… 

       - a mandar, luego de la siesta claro.

eduardo dominguez rubio

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Publicado el 22/09/2009 19:15:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Cuando suba la marea

Y sigues, tu río, como con los brazos abiertos y rozando con los dedos de las manos una y otra orilla, aranzadas de viña vieja, allá arriba por Martín Miguel, albarizas primorosas como una maceta gigante, de cepas arropadas y mimosas. Muchas veces, tantas veces, demasiadas veces labradas a trancas y barrancas, con trapicheos y apurillos crediticios que casi no acaban nunca.

Viñas de demasiados nortes y podas a las espaldas y entre los soles, injertando, binando y rebinando, y pateando las cepas entre claridad y claridad. Y ahora ajuste usted las cuentas con los dedos, vendimia, mostos, botas y dinero....

Ponga usted otra vaso de vino,  y…. a brindar.

eduardo dominguez rubio

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Publicado el 15/09/2009 13:18:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Por las arenas

 

El Rocío, ese calambrazo o convulsión de cada año, indudablemente alegre, colorista y sobrecogedor. Profunda y popularmente religioso aunque sus detractores se lo nieguen. Porque para quienes verdaderamente lo sienten, es una manera particular de vivir la religión, desde lo más hondo y devocionalmente mariano que Andalucía lleva dentro. Pero detractores los tiene, los tuvo y los tendrá siempre, más o menos gratuitos que, de entrada, le niegan el pan y la sal bajo el argumento de la superficialidad ataviada de folklorismo, de excesivo  oropel y dispendio, hasta el punto de que la romería, vista desde fuera, más bien les parece carrusel de vanidades y demostración banal vacía de contenido riguroso. Todo lo más que le conceden es su mérito –ya es algo- como terapia de grupo, convocatoria válida para que el personal tire por la borda de la barcaza problemas, preocupaciones y pesares por presentarse  en la aldea almonteña con el cerebro en blanco, el ánimo optimizado por la manzanilla y el corazón tonificado por el aire puro de los pinares.

           

Puede que así sea globalmente considerado, pero profundizando, personalizando, hay más, mucho más. Existe lo que podríamos llamar el Rocío profundo, el Rocío secreto nunca exteriorizado que acude sin alharacas, sencillamente a rezar, a rezar y a pedir, y no con oraciones convencionales sino con el lenguaje libre y espontáneo del día a día, quizá allí a la Virgen no se le reza, se le habla.

 

Aparte de esto, cristianos hay cuyo solo vínculo religioso es la devoción a la Blanca Paloma. Hombres del campo, gentes de manos duras achicharradas por el sol, amas de casa inmemoriales perdidas entre los quehaceres del hogar, ciudadanos , en suma, indiferentes, apartados de lo que llamamos práctica religiosa, y que, están allí, celosa y puntualmente allí, a la hora justa porque contaron con los dedos las fechas que faltaban para Pentecostés o las señalaron en el almanaque de la cocina. Sí, allí están luego de escuchar la misa de romeros, única quizá que oyen a lo ancho de doce meses. Pero al menos oyen ésta y, de alguna manera, se ponen en bien con Dios como decimos por aquí y, seguro, seguro, que Dios sabe comprenderlos.

 

Es verdad que siempre se puede herir la sensibilidad de algún ortodoxo de la fe. Le ha ocurrido a mucha gente y seguirá ocurriendo porque no es fácil casar la severa liturgia católica con el bullicioso y despreocupado acontecer rociero, donde el exclusivo oficiante y protagonista es el pueblo, el pueblo vivo que muestra espontáneamente sus maneras. Y el pueblo andaluz habla y obra en parábolas espléndidas, en hermosas metáforas cantadas en suerte a guitarras mágicas, a coplas destellantes que, recopiladas, vendrían a componer la más plástica y fastuosa letanía jamás escrita por nadie. Esto, desde fuera, pudiera no entenderse, pudiera no explicarse pero, de todas formas, no es cuestión de explicarlo o entenderlo sino de respetarlo. Qué menos. Porque  en su más recóndito meollo laten devociones heredadas, transmitidas de generación en generación, en fervores de toda la vida, en emociones hondas y sentimientos profundos clavados en los adentros. Algo que no nace y crece así porque sí y, cuando menos, se presta a la reflexión.

 

Claro que todo evoluciona y el Rocío también ha cambiado, como cuentan algunos viejos rocieros. Rocieros que no comulgan con el Rocío de la actualidad. Son los nostálgicos protagonistas de romerías más sosegadas, apenas unas docenas de romeros por las arenas del Coto, el agua, el vino y el costo en carros y borricos, alguna charré, algún caballo y pare usted de contar. Devotos que nunca faltaban al encuentro, a la cita anual en la vieja ermita por beber agua del mismo pozo y dormir  bajo el mismo techo, a la luz de velones y quinqués porque ni luces eléctricas había.

 Ay, rocieros viejos, desbordados, sorprendidos, atónitos ante la avalancha humana de nuestros días, ante el boato y aparatosidad  de la romería de nuestro tiempo. Vivimos otra época, cosa del desarrollo y del progreso, indudablemente mejor, indiscutiblemente más cómoda, más accesible y más abundosa romería. Pero, ¿qué dirán al verla desde las marismas azules los rocieros, pongamos, de hace cien años?

 

Eduardo Jose Dominguez Rubio

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Publicado el 09/09/2009 18:05:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

La Sacristía del marco de Jerez

 

La Taberna del Guerrita y la Sacristía del marco de Jerez.

 

De paseo, charlando primero por la calle Barrameda, luego por la calle Rubiños, como otras veces, como tantas veces. Pero esta vez tropezamos con la Taberna del Guerrita, andaluza, de vinos, de vinos buenos y platos sanluqueños, como debe de ser. Y después de la primera manzanilla, Armando, de manera envolvente, cálida y cordial nos guía por el pasillo, con la bodeguita al fondo, hasta entrar en la Sacristía, como aquellos antiguos recintos eclesiásticos que los propietarios utilizaban para guardar los caldos que destinaban a su consumo particular, de Sacristía a Templo del Vino.

 

Y entras como en un pequeño santuario,  con cierta reverencia, intimidado por extraños pudores, como atenazado por el respeto. Sospecho que estos rincones de mi tierra suponen, ante todo, la estética del silencio, la penumbra exacta y el cabal aroma del silencio, la justa y templada armonía arquitectónica del silencio, y hasta llego a creer que el silencio floral y majestuoso huele a vino viejo y tiene el color del roble antiguo. El caso es que uno, inconscientemente, asume esa estética solemne y la afronta siempre con un cierto talante subreptício, con cierta indefinible sensación de intrusismo, apenas sin voz y respetuosas las pisadas, como si temiera la profanación inevitable de resplandores dormidos y músicas insólitas, escondidas nadie sabe donde.

 

Eso es lo que pensaba cuando entraba en La Sacristía del marco de Jerez, aquí en la taberna del Guerrita, junto a su hijo Armando, pequeñita, semejante a capilla o iglesia pequeña, aquí donde todo huele a Bodega, a esas de Sanlucar de ventanitas casi pegadas al techo abiertas a los almizcates y celadas por esterones de esparto.

 

Ya estábamos dentro. Mi amigo descorcha una botella, y luego en la copa, agita por la peana y aspira, como en éxtasis. Al final, lo roza con los labios, cierra los ojos, paladea y retorna perezosamente al mundo:

 Fíjate que abocaito. Una gloria. Y en el brillo. Son como descubrimientos luminosos entre andanas sombrías. El vino tiene su tipología, como una fauna exótica, impensable y viva. Vinos gordos, finos, rayados, nubosos, de tercera, de segunda, de abajo, amanzanillados, olorosos, remontados, con flor y con madre, qué sé yo.  Crece solo, como los caballos, pero hay que domarlo, hay que educarlo. Tiene su escuela, la solera, pero a veces se tuerce como un potro resabiado, y para eso está uno, el ojo al acecho. Sí, los vinos son como las personas, así, crecen, engordan, languidecen, degeneran, enferman, sanan, adelgazan, se alegran y se entristecen, ya te digo, lo mismito que las personas. El mosto es tal un parvulito que empezara a estudiar, por ejemplo, y al cabo de cuatro años es como si rematara  el bachillerato curso a curso, quiero decir graduado en fino o manzanilla. Luego, sigue corriendo clases y se licencia en oloroso. Si lo dejas seguir se doctora en amontillado. Cuestión, lo primero, de que las clases sean como deben ser, esa es la base. En principio, de buenas soleras y botas bien encascadas, vinos buenos, lo primero es lo primero. 

Pero, escúchame, esta Sacristía, con guitarra y cante, será como el sueño de una noche de verano,¿no?. Y también para pensar. Si acaso, pa hablar en medios tonos.

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Publicado el 25/05/2009 18:20:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

andar de tascas

Como si lo viera, con los pies descalzos, arañando las arenas de la playa, frente a Bajo de Guía, es un mediodía de mes de abril, cuando el sol marca ya sus primeros pasos hacia el verano. Gentes, muchas gentes por el paseo, los soportales ansiosos de clientela, camareros decididos y oferentes y el olorcillo a pescaito frito o a marisco cocido. Entre la luz y Doñana, entre el canal de Bonanza y los barriles verticales con su copita de manzanilla puesta. Sí, esto es Sanlucar, otra vez Sanlucar y siempre Sanlucar, en este Guadalquivir tan cercano, en esta playa tuya y mía, ahora que suenan las sevillanas de aquella Sevilla hermana.

Pregunten por Manuel, en ese primer mostrador acogedor que vean, no se equivocaran porque habrá sido una mañana nueva, distinta, sazonada entre gentes y acedías, botas de manzanilla y guisos marineros, patrones antiguos y copita fresca en el paladar.

e.dominguez rubio

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Publicado el 27/04/2009 12:31:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

La barra de Bigote

Esta es la barra de "Bigote”,  como si dijéramos la obligada antesala del Restaurante “Casa Bigote”, de Fernando y Paco.  Tasca inmemorial  heredada desde el abuelo, mucho antes de la guerra. Cuando el padre  agrandó el primitivo local de esquina con la habitación colindante y la taberna quedó tal cual ahora, especie de tubo con mostrador largo y dos ventanas al callejón.

Y esa primera luz de la tarde, en Bajo de Guía, frente al Coto de Doñana, que entra con tanta nitidez que  penetra hasta la pared del fondo y es como si alcanzara de puntillas la baraúnda de anaqueles, botellas, barriles superpuestos y conchas de quelonios, mandíbulas de escualos, más el variado muestrario de crustáceos disecados y barnizados colgados a lo largo del muro, casi a la altura del techo.

Huele a vinazo, a Moscatel, a Manzanilla Fina, a Bogavante, a Brea y a la vez, a Marisma, a Corvina a la Plancha en salsa tártara, a Guadalquivir, pero, sobre todo, huele a Sanlucar y a nuestra Gente.

eduardo j.dominguez rubio

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Publicado el 01/04/2009 10:20:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Las Vacas invaden Madrid

Las vacas invaden Madrid.

Como en una masiva acometida de color y arte. Como si Madrid preparara su particular primavera y su apuesta por las Olimpiadas del 2016 con el símbolo de este nutricio, pacífico y gracioso animal.

Ilusionante, divertido y atrevido acontecimiento artístico, popular ya en muchas ciudades del mundo. La calle se ve invadida, hasta enero, por una manada de vacas artísticas a escala real, en fibra de vidrio, pintadas, transformadas y excéntricamente vestidas por los más diversos artistas.

Es el Cow Parade, que se ha celebrado ya en 65 ciudades de los cinco continentes y que ahora desembarca en Madrid. "Se trata de la mayor exposición de arte público del mundo", explica el director de la exposición José Cardoso, para quien Cow Parade es un evento internacional que "reúne arte, diversión y solidaridad".

Y la gente reacciona bien, excepto algún noctámbulo aburrido que quizá no tenía mejor cosa que hacer, lástima. La gente reacciona incluso apasionadamente, desde los vehículos circundan su paciente espera, con niños corriendo de acera a acera, con viandantes prestos a la foto de turno.

Vacas amparadas por partituras, vacas ecologistas, vacas reporteras, vacas toreras. Es el arte el que mueve a las gentes, el que zamarrea sus espíritu y mueve sus ganas. Incluso parece ser que cualquier paseante que tenga una idea para decorar una vaca puede presentarse al concurso por Internet en la página www.cowparademadrid.com . Porque "CowParade es una invitación al público a disfrutar del arte en todos los sentidos".

eduardo j.dominguez rubio

Publicado el 26/01/2009 19:02:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Julio Romero de Torres en Jerez de la Frontera

 

Siempre ha de haber ocasión para disfrutar de conceptos rejuvenecidos,

de improntas visuales abrazadas a las nostálgicas estancias de siempre.

 

Y esto ocurre en la exposición que sobre obras de Julio Romero de Torres se realiza en las Bodegas Tradición en Jerez de la Frontera.

 

Parte esta idea, plasmada sobre  botas de roble, del acuerdo entre la Bodega y la Fundación Prasa, propietaria de la colección de pinturas del artista cordobes.

 

Desde la misma entrada, pasillo bodeguero abrigado por esteras de esparto y blancos de cal, disfrutamos de obras pictóricas envueltas entre las botas, colgando de los techos bodegueros, amparadas por aromas y fragancias. Oleos oscuros, de personalidad definida y clara, que esta vez, si cabe con más contundencia, se apoyan en la penumbra de estas estancias vinateras que tanto saben de vinos envueltos y envejecidos. Penumbra tan solo rota por focos puntuales que dan vida y desvelo a los óleos de Romero de Torres.

 

Entre otros, “La Rivalidad”, magnífico cuadro, en otro tiempo símbolo de protesta y provocación, por parte del autor, y que hoy parece como mágico baile de estas bellas mujeres entre el suave paladeo de una copita de moscatel o amontillado, sin duda oloroso.

 

Doble desnudo femenino, como desnuda se presenta la bodega ante el visitante o como desnudo quiere ser este autor de siempre, desprovisto de artificios y vaguedades.

 

Así que gracias a estos expositores, gracias por esparcir arte, desde la firma barnizada hasta la última bota con amontillado, "brindis por la hospitalidad de estas gentes".

eduardo j.dominguez r.

 

  
Publicado el 08/01/2009 13:08:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Como Barceló


Este es el personaje, quizá más de moda en estos días. Incómodo viajero entre la pintura, las formas y los materiales. Con él aparecen en revistas y telediarios nuevos modos de hacer o mejor dicho modos usuales no asumidos por todos hasta ahora.

Así, lo vimos encaramado a su “cúpula orgánica”, afillada, salvaje y por domar, abrazada entre críticas y parabienes en el Palacio de Naciones Unidas en Ginebra.

Barceló ha moldeado con sus manos, con manejo de mangueras a presión, a la busqueda de supuestos mares emergentes y olas tempestuosas. En un afán de provocar otras perspectivas en el observador. No es nuevo, otros muchos clásicos, como Tintoretto, provocaban el entendimiento de líneas de fuga según los feligreses se situasen a un lado u otro del presbiterio.

Además, siempre hay que reverenciar al artista que en su talento, con su osadía y riesgo, y buscando parámetros cada vez distintos, va provocando la curiosidad y, por que no, el escándalo acompasado a la mirada del visitante o espectador.

Ojalá que el arte siga significando riesgo, inconformismo e innovación, independientemente de la cotización de las obras, porque así nos estaremos acercando cada vez un poquito más a la esencia del ser humano, disfrutar con la belleza por el solo hecho de contemplarla.

eduardo j. dominguez rubio

Publicado el 13/12/2008 13:24:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Rembrandt, contador y pregonero

Rembrandt, pintor de historias, contador de situaciones y pregonero, a su forma, de emociones personales, pregonero incisivo y conmovedor, a bombo o tambor, cornetín pincelero de colorista vocería.

 Lo histórico y cotidiano se viste de académico sobre el escenario solemne del lienzo en blanco. Cómo describe, cómo pinta, en pinceladas burbujeantes, sorpresivas, ingeniosas, trashumantes desde los negros a los blancos en una suerte de colores inigualables. Argumenta con sus óleos las reacciones de los personajes ante situaciones dramáticas, explorando así la condición humana. Como por ejemplo en su “Jeremías”, en el que la pose, la cara en ángulo hacia el vértice inferior del cuadro, los colores sombra tostada y la túnica decaída y pesada, dan testimonio de “palabras” pregonadas al viento sobre el conformismo, la pena y la derrota.

Se trata, por su parte, de utilizar todos los recursos a su mano para trasmitir con la mayor intensidad los sentimientos de los protagonistas.

 

No es de extrañar por ello que en una etapa posterior siga empeñado en ese “contar” suyo, pero esta vez mediante la quietud de sus personajes  y la concentración sicológica. Así, las pinceladas mas que definir formas, las sugieren, es como si el aspecto inacabado de sus obras pregonara más sobre lo que no se ve que sobre lo que se ve. Y es que para Rembrandt, estas obras sí estaban acabadas, porque él había conseguido sus objetivos. Y es que  la pintura siempre es algo más que la mera apariencia de las cosas. 

 

Ahora lo tenemos en El Prado, en Madrid,  a Rembrandt, donde disfruta de la macropublicidad de los medios, venteado por esa megafonía ambulante, la de los variopintos aficionados al arte que a todas horas llenan las salas de exposición. En definitiva Rembrandt, autentico pintor de historias.

  

Eduardo j.dominguez rubio

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Publicado el 24/11/2008 17:44:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Obras Maestras del Museo de Montserrat, en Madrid

Obras Maestras del Museo de Montserrat. 

Desde Caravaggio a Picasso, y entre ellos Julio Romero de Torres.

En Madrid, en el Palacio del Marqués de Salamanca, del BBVA, se expone este maravilloso e impactante patrimonio artístico, procedente de donaciones al museo de Montserrat. Este Monasterio que padeció guerras y expolios, amarguras y desaires, logró resurgir, entre su laboriosidad artesanal y cultural y su capacidad de gestión, atesorando en la actualidad este esplendor de cuadros y esculturas. Desde la pintura italiana de los siglos XVII y XVIII, con mas de 150 obras, hasta las pinturas de las vanguardias históricas europeas, con Monet, Sisley, Degas y Pisarro 

Ahora en Madrid se presenta una verdadera antología, con capiteles románicos, obras renacentistas, barrocas o impresionistas. Berruguete, Caravaggio, Rigaud y también los modernistas catalanes como Rusiñol, Casas, Mir o Nonell. No podían faltar Picasso y Dali, con sus pinceladas iniciales en “El viejo pensador”, de Picasso y la composición “Academia neocubista” de Dali. 

Permítanme que, por mi parte, como andaluz enamorado de sus colores, estilo y encuadres les resalte el maravilloso “Esperando”, de Julio Romero de Torres, por la pincelada ágil y desenfadada, distinguida y arrogante, con toda la paleta de azules posibles, por lo que en el cuadro se ve y sobre todo, por lo que no se ve, por lo que al espectador le sugiere de reflexión, pausa y disfrute. 

Eduardo Jose Domínguez Rubio

Publicado el 05/11/2008 12:17:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Madrid con la Literatura al fondo

Madrid y sus literatos. 

Estamos en el “Siglo de Oro”, cuando escritores y artistas se instalan en lo barrios antiguos de Madrid. Mire usted, por ejemplo, junto al Congreso de los Diputados la estatua a Miguel de Cervantes. O a la verita de la calle Lope de Vega, en el Convento de las Trinitarias, mire usted la lápida de mármol en homenaje a Cervantes. Donde cerquita, casualidades de la vida, tuvieron casa Góngora y Quevedo.

 

Y en la calle Cervantes, más, pues allí vivió Lope de Vega, casa ahora restaurada y abierta al público. Y dicen que se conservan todavía artilugios personales del escritor como un cinturón para el mal de ojo, una mecedora y un costurero.

 

Mas adelante, la calle león, donde en el número 7 se localizaba el mentidero de los artistas. Lugar donde los lugareños del siglo de oro se reunían para conversar. De los dimes y diretes, de lo divino y de lo humano y hasta de las cosas del comer, esto es, la política y los gobernantes. Estamos en pleno barrio de las letras lo que antes de llamó Plazuela del León.

 

Así que a golpe de zapato, y al son del chotis, nos envuelve la calle Huertas, reina de corazones de poetas y literatos como Tirso de Molina o Calderón de la Barca. Y es que entre la plaza de santa ana, la calle atocha y la iglesia de San Sebastian, siguen saboreándose los años idos y las letras pasadas, letras con mayúsculas en papeles de eternidad.

 Siempre un paso adelante, caminando entre culturas a lo largo de los tiempos, como ese Monumento a Cervantes de la Plaza de España, con Don Quijote y Sancho mirando al frente y caminando, siempre caminando. 

eduardo jose dominguez rubiowww.edominguezlobato.org 

Publicado el 23/10/2008 12:09:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Fútbol, cuando uno vuelve al Fútbol

Fútbol, siempre se vuelve al Fútbol.

Otra vez fuimos al partido o disfrutamos entre aperitivos y televisión de plasma con la hipertensión emocional del forofismo más beligerante. Aunque estuviere desentrenado, volveria a ver, entre el campo verde y las nubes grises de Austria, los colores rojos de esta España nuestra.

¿ Te acuerdas?, cuantas otras veces hemos sufrido y padecido entre regates frustrados, balones al palo, patadones al aire y, siempre, siempre, Italia al fondo. Como si lo estuviera viendo, jóvenes españolas con la cara pintada, pañuelos rojos y amarillos, envolviendo esa belleza hispana, de mujer morena y aterciopelada, y lágrimas, suaves, transparentes, decaídas lágrimas que al final mojaban camisetas e ilusiones.

¿ Te acuerdas ?, Pero hoy ha cambiado algo, son jugadores con vestuario flamante, graderío coqueto, botas de colores, reclamos publicitarios y gentes de verdad, siempre con España.

Salieron los equipos, escuchamos himnos, jugadores abrazados, balones al área, tiros a puerta y …. Gol, Gol, ganamos a Italia por fin, tras los penaltis, seguro,pero por fín, ahora sí, sufriendo, sí, llorando entre emociones, y esta vez de alegría, porque Italia luchó hasta el último minuto.

Así que a gritar, a cantar, a bailar, entre las calles y las plazas. En Colón, en las Tendillas, en los Remedios las Ramblas o Bajo de Guía. España ganó a Italia . Esta vez, sí. ¡ Felicidades !

 

eduardo j. dominguez rubio
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Publicado el 20/06/2008 12:45:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Rocio, y Sanlúcar

Aquí empieza, desde aquí camina la Hermandad del Rocío de Sanlúcar de Barrameda, desde Bajo de Guía, este rancho aparte, casi marginal desmembrado de los comunes trajines de otras capitales. Bajo de Guía, entre las antiguas “Chozas de Ubreva” y los aún arenales bravíos.

Esta es la ruta de Sanlúcar, este es el principio del camino, desde aquel descubrimiento de la milagrosa imagen de María Santísima del Rocio. Porque así lo dicen los manuscritos que de esto saben, cómo un hombre que apacentaba ganado o quizás cazara tras la maleza, en el término de la villa de Almonte, en un lugar llamado Rocina, advirtiera el ladrido extraño de unos perros y en la búsqueda encontrara la imagen, bella, peregrina, que así se narra, vestida con túnica de lino entre blanca y verde. Y allí mismo, tiempo después, la primera ermita.

Y es un 25 de abril de 1677 cuando pasito a pasito, comienza el camino, su camino, la Hermandad de Sanlucar. Así que, ¡ adelante hermanos!, desde esta Bajo de Guía, por los pinares, con olor a palangre, a bogavante y a brea. Adelante, entre la mar reciente y la sal descubridora. Adelante, que huele a flores, a pino, a espuma cantaora que canta, cuando sube la marea.

eduardo j. dominguez rubio
Publicado el 08/05/2008 21:41:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Juan Gelman

Sigue viva la Poesía, y hoy más que, nunca, 23 de abril, cada 23 de abril, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, aquella que fundara tras años de esfuerzo y convicción el Cardenal Cisneros, regente de la España de otros tiempos.

Juan Gelman, poeta, premiado buscador de justicias ocultas, en días de desesperación, entre dictaduras maltratantes de aquella otra Argentina. Hoy, Juan Gelman, renacido quizá, premiado con el Cervantes, de manos del Rey de España, de manos de los creyentes en la libertad, la justicia y el arte literario. Por la búsqueda incansable de sus inquebrantables principios. Poesía y Justicia, Hombre y Valor, Juan Gelman, ¡ felicidades ¡

Aquí, cerquita del Paraninfo del Henares, seguimos disfrutando de la cuesta de Moyano, calle de Claudio Moyano, a la vera del museo del Prado, entre los renacientes verdes de la primavera, para el disfrute de paseantes inquietos y ávidos de lectura, o al menos, del deleite entre los más clásicos y atesorados testigos viejos de la impresión y encuadernación pasados.

Treinta y una casetas para, hoy día del libro, disfrutar entre sus gentes, los libreros y sus cosas. ¡ Feliz día del libro ¡

eduardo j. dominguez rubio
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Publicado el 23/04/2008 18:56:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

CAIXA FORUM

Corporales o incorporales, divisibles o indivisibles, cosas, simples o compuestas, lugares, detalles, sensaciones, consumibles o inconsumibles, eso es CAIXA FORUM.

Gentes que vienen y van, suben y bajan, superficies caprichosas en aluminio recién soldado, piedra aparente o, mejor dicho, metal casi pétreo. Una recién nacida primavera brotando de la pared, pared casi infinita de tonos verdes, amarillos y malvas. Sorpresa aflorada en un indescifrable jardín vertical.

 

Todo eso es CAIXA FORUM, adornado de Arte Contemporáneo, escaleras helicoidales, en espacios blanqueados, casi atornillados al cielo de Madrid.

 

Obra pictórica, Instalaciones, Oleos y Acrílicos de lujo, pero sobre todo, Espacio, Agua, Luz y Color.

 

Y otra vez gentes que vienen y van, sorprendidas y embaucadas entre los ocres de la fachada y las enormes esculturas huecas, casi andantes, casi caminantes por las aceras de Madrid, del Paseo del Prado, casi nada.

 

Ahora en Madrid, CAIXA FORUM…..  ¡ casi nada ¡.

eduardo dominguez rubio

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Publicado el 17/03/2008 11:34:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Prado es de Velazquez

Permítanme ustedes esta nueva invocación a nuestro maestro, a nuestro Diego Velázquez, anudado, arropado, aferrado al madrileño museo del Prado, esta vez, a través de “ Fábulas de Velázquez “.

           Y si lo quieren, denle un vistazo a estas colas, amarradas al perímetro del Museo, acicaladas, deseosas, impacientes, aniñadamente agitadas a las puertas del mismo Museo, entre el Paseo del Prado y la Iglesia de Los Jerónimos. No parece haber excesiva espera, ni desánimo, ni insatisfacción, todo por Velázquez, colas de colores, de ropaje tímidamente primaveral, y dicen algunos jóvenes, ( yo las he visto ) solo comparables al fenómeno Bruce.

           Colas de Cultura, de Interés, de Reconocimiento  por el tránsito entre lo nuevo de Moneo, a bordo de espacios y dimensiones acompasados a los moderno y a lo clásico, a lo de siempre. Colas de Admiración hacia el  diseño entre las luces mágicas del Claustro y las esperadas y bien venidas escaleras mecánicas. Colas por el óleo firme y compuesto en Genio de Velázquez. 

Dentro, gente, mas gente, de componente universal de dimensión casi astronómica, venidas de aquí y de allá, con cámaras de fotos, guías físicas y digitales. Pasillos casi aterciopelados, de rojo, salas resplandecidas, de azul, Velázquez al fondo, de él mismo.

 

Entre la mitología y la historia sagrada, entre su narración ingeniosa , la sutilidad, la complejidad y la genialidad del Maestro.

           

Aunque cada vez queden menos días de exposición, si pueden, si les apetece el giro capitalino entre La Cibeles y La Puerta del Sol, castizamente, madrileñamente, amparados en el convencimiento, vengan al Prado, no lo duden…. Habrá merecido la pena.

Eduardo Dominguez Rubio

Fundación Eduardo Dominguez Lobato

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Publicado el 10/02/2008 23:03:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Arte del Esfuerzo

Todo cambia, las viejas lecciones, quizá los usos gramaticales, las costumbres escolares, los hábitos, aquellos corrillos de lectura, el aprendizaje memorístico de las capitales del mundo. Y dicen que ahora los niños muestran un nivel disminuido de comprensión lectora, y dicen que desaparecieron de sus renglones a lápiz las antiguas y aún recordadas listas de los Reyes Godos. ¿ Quién recuerda hoy a Valia, a Wamba, a Eurico o Alarico?. ¿Quién desayuna hoy, envuelto en el Cola Cao de nuestras madres y la estufita preparada, con la preocupación de atesorar palabras, frases e ideas en torno a Al-Andalus, la Hégira, las revelaciones de Dios a Mahoma o las implicaciones de la yihad?.

 

            Ahora pudiera parecer, sin duda, que tuvimos suerte los que no hace mucho tiempo pudimos ojear, subrayar y anotar entorno a manuales de Latín y Griego, descifrar las tradiciones sunníes o las heterodoxias de xiítas. Pensar y discernir entre las letras de San Isidoro o discutir las últimas influencias de los almohades.

            Ahora qué mas da, que cada palo aguante su vela, y que en cada hogar, antes de cada sueño, después del último aseo de nuestros hijos, antes de ir a la cama, les hablemos de esos buenos antiguos y perennes hábitos de lectura y estudio, esfuerzo y sacrificio, entre las palabras viejas de nuestro castellano y la vieja historia de nuestra humanidad.

 

            Difícilmente los infantes actuales, entonces, olvidarían palabras como  castellería, hospedaje, facendera o yantar, porque son más que palabras, son trozos de nosotros mismos que quedaron aparcados en el arcén de la modernidad. 

 

            Por lo que si ustedes lo permiten y como hemos de seguir caminando…

 

“Et porque a los nuestros tiempos pertenece, donde viere que cumple , tenemos por bien que si fuere menester interpretación, ó declaración, ó emendar, ó añadir, ó tirar, ó mudar, que Nos, lo hagamos”.

 

 

Eduardo J. Dominguez Rubio

Fundacion Eduardo Dominguez Lobato

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Publicado el 22/12/2007 11:14:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

El Efecto Niemeyer

   

        Dicen de él, Oscar Niemeyer, que es un mago de la arquitectura, una inteligencia viviente, como inmaterial,  de casi 100 años. Porque pocos menos años lleva este brasileño desarrollando proyectos y espacios recreados,  tridimensionando  imaginativos y coloridos cuadros. En hormigón o acero, a caballo de cúpulas y miradores, pasarelas y paseos.

        Decíamos al principio que esto significaba el Efecto Niemeyer, ahora en Avilés, a la misma orilla de la ría, el Centro Cultural Niemeyer,  con sus futuros 50.000 metros cuadrados, auditorio, torre mirador y su espacio multiusos, ya con las obras a punto de comenzar  a principios de año. Y es que la Cultura, su mundo, se transforma por días, porque las generaciones nuevas así lo exigen o, porque si queremos que estos jóvenes vean a la Cultura como algo sugerente, atractivo e interesante, el cambio de rumbo está marcado ya en el cuaderno de bitácora.

        Aparece una nueva estrategia, de marketing cultural, rodeada de sinergias, colaboradores, caminantes en el mismo camino y con los mismos intereses, aunando esfuerzos y creando el atractivo del glamour.

        Centros magníficos en concepción, diseño, continentes y contenidos, quizá para introducir conciertos de rock o rap, competiciones de videojuegos o concursos de graffiti. Y cuando en tamañas aventuras se enlazan espacios como el Lincon Center, la Biblioteca de Alejandría, la Opera de Sidney o el Centro Pompidou, es que el futuro va por ahí, así que ¡ adelante Avilés!, ¡ enhorabuena Asturias ¡, ¡ Felicidades Fundación Principe de Asturias ¡, porque sabéis y podéis y además contáis con los mejores de cada disciplina.  Suerte en la andadura y suerte también para nosotros que anhelamos, algún día, rememorar y asir entre los dedos algo parecido, a lomos de un nuevo Templo del Lucero, reverdecidos Campos Elíseos o reconstruidas torres de Tartessos.

eduardo j.dominguez rubio

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Publicado el 06/12/2007 21:41:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Marañón y el Conde Duque

Acaba  en estos días la Semana Gregorio Marañón en Madrid. El hispanista británico Sir John Elliott inauguró estas jornadas con una reflexión sobre la biografía que Marañón dedicó al Conde Duque de Olivares.

 

El Doctor Gregorio Marañón aunó la magnifica labor como eminente investigador a la admirada vida académica e intelectual.  En el caso concreto de esta biografía sobre D. Gaspar de Guzmán y Pimentel, Rivera y Velasco y de Tovar, Conde Duque de Olivares, Valido del  Rey Felipe IV, Marañón se desenvuelve admirablemente por los trasiegos de la Corte, los devaneos políticos, las ansias de poder y sobre todo el aspecto personal e intimo del Conde Duque.

 

Personaje vital de la política española, para Marañón el Valido supone, quizá, el último político universal de la Gran España. Personaje visualizado como dictador pícnico y tirano convencido, generador de deseos, matrimonios de conveniencia y también poseedor de voluntades resquebrajadas y depresiones alternativas. Hombre contradictorio, tortuoso y capaz también de manejar la escena política y palaciega con deslumbrantes fiestas y manifestaciones de grandeza. Grandeza de la España que ambicionaba, reflejo de su idea política, de unión de los reinos españoles, de la fe y de la excesiva confianza en sus poderes y valías.

 Por el momento solo nos queda continuar con las lecturas del Doctor Marañón, aprovechar de sus conocimientos e interpretación de personajes y realidades y esperar la celebración  del cincuentenario de su fallecimiento que se celebrará en el 2010. Y también esperar que ninguna posible “ley de la memoria histórica” haga cambiar el nombre al magnífico por contenido y formas arquitectónicas  Centro Cultural “Conde Duque” de Madrid.   Eduardo j. Domínguez Rubiowww.edominguezlobato.org
Publicado el 23/11/2007 10:21:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

Diego Rodriguez de Silva y Velazquez

Velázquez, siempre Velázquez. Ensimismado, aduendado, como envuelto en una nube de color. Matizado, enriquecido y quizá engloriado por los aires italianos desde su primer viaje.

Pintor de la Corte, pintor andaluz, de raices profundas sevillanas, adiestrado desde niño por su maestro sanluqueño D. Francisco Pacheco.

Ahora y como siempre, ha vuelto al Prado, a ese Prado por el cual transita acomodado por sus salas, itinerante como feriante consentido y habituado a visitantes y admiradores. Ahora ha vuelto otra vez al Prado, o mejor dicho, se pasea en caballero por esa otra manera de entender la Arquitectura museística de Rafael Moneo.

Gran vestíbulo de entrada, acogido entre tonos rojos y cristaleras generosas, anticipadoras de verdes y luces, esas luces desde lo alto, desde ese Claustro renovado y rejuvenecido de los Jerónimos. Ahí esta todo Velazquez, el de simpre y el nuevo a la vez. Porque cada vez que uno se aproxima a sus pinceladas, a los rasgos de libertad de su paleta de colores, amplia y suelta, atrevida y segura, dinámica y orgullosa, cada vez, contemplamos seguramente un cuadro nuevo, una nueva significación de los espacios, la composición, los personajes y el tratamiento de la luz. Y eso es patrimonio del Genio, del Artista que trasciende y permancece a los tiempos y a las modas.

Ahora y siempre, y desde el próximo 19 de noviembre, le tendremos como anbanderado, estandarte y ariete de esa Gran Exposición que presenta el Museo del Prado de Madrid, titulada "Fábulas de Velázquez, Mitología e Historia Sagrada del Siglo de Oro".

Disfrutaremos de 28 obras, por las que fluye toda una personalidad creativa aunada a una firme tradición pictórica, manejando casi matemáticamente el tamaño, la posición de los personajes y la narración principal y, sobre todo, marcando como nadie, los detalles de su firme autoafirmación artística.

Así que a disfrutar de la pintura, de los jardines, de los colores, de la magnífica escultura a modo de puerta batiente y, sobre todo, de Velázquez.... Y la "Venus del Espejo".

Eduardo J. Dominguez Rubio

Fundacion Eduardo Dominguez Lobato

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Publicado el 14/11/2007 11:19:00por , guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios

La Cultura que nos rodea

Desde las primeras horas del día hasta los últimos latidos de la media noche nos envuelven las noticias mundanas, universales, transcendentes o vanales que por un lado o por otro penetran por nuestros sentidos.Y, quizá la mayor parte de las veces, afortunadamente, las noticias culturales suponen un oásis en nuestro tránsito diario por entre lo inaplazable o lo ineludible.La cultura nos asienta, nos frena ante el tiempo y nos hace meditar, porque el mundo del arte, la pintura, la escritura, la música o las letras, hacen que consideremos en todo su término la amplitud humana y espiritual del hombre.

Desde ayer tenemos, sin ir mas lejos, la magnánima inauguración de las nuevas salas de Museo del Prado de Madrid, inigualable pinacoteca amparada por una de las mas significadas colecciones de arte. La Monarquía siempre supo rodearse bien y gustó desde antaño del disfrute de la mano de maestros de la pintura de amplia paleta de colores, y la Monarquía y su inicial proyecto de escuela de arte y pintura fueron el origen de este Museo del Prado. Esta ampliación del Padro que hoy nos presentan coincide con una de la obras de arquitectura, de la mano del arquitecto Moneo, mas conflictivas, complicadas, costosas y controvertidas que se recuerdan en la capital. Así el nuevo Claustro de los Jerónimos, esa restauración elemento por elemento, piedra por piedra, la apertura de luces y la invasión de cielo madrileño a través de sus arcos hasta las últimas salas de exposición, hacen de esta ampliación una obra interesantemente dinámica, aprovechadora de recursos naturales y sobre todo polémica , sugerente y generadora de opiniones, lo que en el caso de un Museo, de Arte y de Diseño viene como anillo al dedo. Por ello, merece la pena un fin de semana madrileño abordo del Paseo del Prado y de la Castellana, para disfrutar desde el Museo Reina Sofía, pasando por el Prado, recorriendo los pasillos flamencos del Thyssen y terminando en el Parque del Retiro, con sus músicos al aire del medio día, porque también de la música heterodoxa, sin etiquetar y salvaje como la hierba sin cortar, disfrutan los sentidos, sin domesticar, del ser humano.

Eduardo J. Dominguez Rubio

Fundacion Eduardo Dominguez Lobato

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Publicado el 06/11/2007 10:02:00por Eduardo J.Dominguez Rubio, guardado en Columna de Cultura Sin  comentarios


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